gianni bianco2Desencadenar polémicas y sugerir reflexiones

Más que un cronista de la actualidad, parece ser un arqueólogo de la palabra. En la era del dominio de las imágenes y de los millonarios derechos televisivos, ocuparse del deporte en la radio parece casi un anacronismo. Un discurso de nostálgicos. Un emocionado recuerdo de los tiempos que fueron.

Tiempos en los cuales, el relato de la admiración por las hazañas de los atletas, estaba a cargo sólo de las voces, los sonidos, los efectos y los ruidos. Tiempos en los cuales no había moviolas, cámaras de televisión personalizadas, pruebas televisivas.

Las orejas que ven

Recientemente estuve en un estudio con Alfredo Provenzali, un gentleman de gran elegancia, conductor, voz inconfundible de “ Todo el fútbol minuto por minuto”. Es la transmisión radiofónica que desde hace diez años les comenta a los italianos el campeonato de fútbol en directo desde los estadios. El periodista desde Roma coordina las conexiones exteriores, y los comentaristas intervienen en la transmisión ni bien hay una variación en el resultado. Para los italianos es un mito, un pedazo de historia de la costumbre nacional, hoy un tanto tapado por los programas de televisión pagos. En el estudio habían diez monitores, con los cuales se hubieran podido ver todos los partidos, verificando su desarrollo en tiempo real. De frente a mi propuesta de sintonizarle en directo los partidos, la respuesta romántica de Provenzali: “ Mis ojos son mis orejas, y mis monitores son mis cronistas”. Los televisores permanecieron apagados y la transmisión se desenvolvió palpitante como siempre. Aún tratándose esta vez de una jornada de la mitad del campeonato en la serie B, la segunda división. Fue una tarde de emociones fuertes.

El abuelo sabio

Es un poco la magia de un medio que tiene una fascinación que parece casi desflorar . Desde cuando se accedió al ojo electrónico, la oreja ha dejado de funcionar. Menos, entonces, puede aun tener una función. Tal vez una misión. La radio es en parte el abuelo de la televisión. Como todos los ancianos es portadora de experiencia y sabiduría, puede contribuir para llevar a este deporte a la razón y a sus antiguos valores, un deporte que parece a veces embriagado por el oro y la fama que al televisión pretende asegurarle.

La radio puede ser el sabio consejero de la televisión. Con la condición de abandonar una subordinación psicológica en relación a la televisión, dejando de sentirse hermana ciega y comenzando a valorar profundamente sus peculiaridades, no ver los límites , sino lanzarse a un nuevo rol.

El desfile de los campeones

Partimos del nudo crucial: No mostrar, no ver. Es difícil contar el gol de Van Basten a Rusia en el campeonato europeo de 1988. Es más fácil mostrar la secuencia, estar en silencio y admirar la belleza de un gesto atlético irrepetible, contemplar la pelota que recorre metros y metros por el aire y termina en la derecha encantada del cisne de Utrecht que, al vuelo la mete en el arco de Dasaev. Pero hay cosas que la radio no podrá nunca decir mejor que la televisión, y hay cosas que la televisión dice que la radio puede concederse el lujo de no decir, en vista de un resultado más alto.

La televisión es imagen y el deporte se ha adaptado. En Italia ha habido grandes polémicas por las precoses y acaloradas eliminaciones del equipo azul ( italiano) primero desde el mundial coreano-japonés después por los europeos portugueses. Entre las muchas acusaciones al equipo de Trapattoni por haberse presentado en dos ocasiones, como si fuera el desfile de la semana de la moda en Milán: las trenzas de Totti, los cabellos estilo marinero de Cannavaro, el nuevo copete de Bufón, el rodete de Camoranesi, el peluquín de Vieri, el peinado con gel de Nesta. De esto se hablaba en la vigilia. Como un top model, la estrella del fútbol va al campo de juego engalanada para complacer a los auspiciantes

Se trasforma en imagen de las páginas de los diarios y revistas, produce la noticia por sus historias de amores, le siguen las estrellas de turno, y publicita de todo.

Dar poder a la palabra

Al final el deporte se vuelve banal, como si fuera un trabajo de estilistas y peluqueros. Los campeones más famosos terminan en una sola dimensión, valen por la imagen que la publicidad les ha construido.

Le sigue, al menos en Italia, el esteriotipo del jugador de fútbol (también del atleta en general), que no piensa , no lee, que juega con el playstation en las horas libres, que no se ocupa de la política. Encerrado en sí mismo en su pequeño mundo hecho de apoderados y actrices, comunica solo lo que muestra. En la radio en cambio puede no ser así. La dictadura de la imagen televisiva se detiene a veces frente a la democracia de la palabra radiofónica. Abandonada la coraza mediática, reencontrada la capacidad de razonar, el jugador aparece más profundo e inteligente que en la televisión. Su lenguaje cambia. Dejando de lado los lugares donde se hacen conferencias de prensa después de los partidos. El campeón de la patada usa términos suyos, palabras que expresan mejor su individualidad, única e irrepetible. Sin contar que en la radio encuentran espacio atletas, historias de personas, que no encontrarían este espacio en otro lugar. También empresas dispuestas a desarrollar sus imágenes. Haciendo emerger aspectos de un deporte genuino y más humano, que no es prisionero de la manía del look. En la radio se puede vencer por lo que uno es, y no por las apariencias. Son caras que no agujerean el video, sino voces que tienen cosas que decir.

El comentario como antídoto

En Italia los domingos por la tarde en la televisión hay contemporáneamente dos transmisiones deportivas: una en un canal público, y la otra en uno privado. La audiencia es despiadada, los espectadores hacen un alocado zapping. Continuamente se cambia de canal, en un salvaje ping pong que desestructura todo discurso formando un licuado indigesto de frases e imágenes. Media palabra de acá, un poco de moviola para allá, queda sintonizado aquí que “se grita más”.

Quien escucha la radio no cambia de dial: tiene más paciencia, se queda más tiempo sintonizando, y esto ayuda al comentario y a la reflexión. Todo esto permite afrontar argumentos más complicados, presentar personajes no banales. Ofrece la oportunidad de abandonar el centro e ir hacia la periferia.. Queriendo se pueden apagar los reflectores hacia los famosos y encenderlos, por ejemplo hacia el joven atleta aficionado, hacia uno, que a pesar de sus habilidades no ganó nunca. Entre otras cosas la radio niega uno de los mandamientos de la televisión; no hay cobertura periodística sin imagen. Sin imágenes filmadas no hay servicio, si no hay una secuencia para mostrar se corre el riesgo de no existir. En la radio no es así: se puede hablar de tenis y de badmington, de sus personajes y de sus valores antiguos, también de una troupe que no hizo ningún film sobre alguna disciplina.

Televisión- riñas, radio- comentarios

En Italia de tres programas cotidianos deportivos, se llegó un programa que se ha trasformado en el símbolo de cómo viven el fútbol en cada pueblo. Dicho programa va al aire, los lunes, y creo que no hay otro igual en Europa. Es un proceso al campeonato, donde los periodistas que participan corren el riesgo de dar lo peor de ellos mismos ensañándose con un penal no dado, con un out side, con un error de apreciación del entrenador. El idioma italiano se destruye a pedazos, todos hablan y gritan contemporáneamente y el cuadro que se ve es el de un deporte reducido a los altercados en televisión, fruto de complots y maldades. Architrabe de este tribunal de la inquisición futbolística, es el veneno más potente inyectado a la ya enferma pelota italiana: La moviola.

Es la repetición y el análisis maníaco del rallenty que debería revelar definitivamente la mala conciencia de los árbitros. La radio puede decidir no hacer esto. En realidad existe los domingos una sección que se llama “ Moviola en la radio”. Los tonos de las voces, la elegancia, y la competencia de los conductores evita el clima de caza de brujas. La radio como no cuenta con imágenes, puede estar afuera del juego de la moviola. Una objeción de conciencia, que baja los tonos y da atención al evento deportivo, sobre la sana.

Radioescándalos

Nos es que la radio sea el paraíso terrestre del apasionado del fútbol, también ella puede trasformarse en una incubadora de nuevos conflictos. De nuevas presuntuosas polémicas. Italia en esto hace escuela. La radio es un laboratorio que, como cuna de nuevos incendios, es la realidad de Roma. En la ciudad eterna hay dos equipos en la máxima división, que han corrido el riesgo desaparecer enterradas por las deudas. Y bien, la rivalidad áspera entre las dos hinchadas es aún más desesperada que las voces de fuego de diez radios privadas que durante las 24 horas, juro que es verdad, hablan de estos dos equipos de la ciudad; durante todo el día. En los network nacionales rige la regla no escrita de no darles la palabra a los fanáticos, de no invitarlos a las trasmisiones. Regla no democrática , pero dictada por el buen sentido. Aquí, en vez, los micrófonos están abiertos a los peores instintos del estadio. No todo lo que se trasmite es así, también hay buenos periodistas, e intervenciones sensatas de los simples hinchas. Mirando todo esto en su complejidad, la radio se trasforma, en un amplificador de una verdadera manía, la de por los propios colores. En este ambiente nacen episodios alarmantes como la falsa noticia de la muerte de un niño por parte de la policía que en pocos minutos pasó de boca en boca con el tam tam de las radios locales, y llevó a la suspensión del clásico del campeonato entre Lazio y Roma en marzo del año pasado. Luego sucedió una larga batalla entre los policías y los hinchas fuera del estadio Olímpico y sólo por milagro el reflujo de setenta mil personas no tuvo consecuencias dramáticas.

Zona Cesarini: hablar de otro tema

Lejos de querer mostrarlo como una solución traumatúrgica para la crisis del fútbol y del deporte en general, panacea para curar los males de un medio usado en forma inapropiada, quisiera concluir mencionando un pequeño ejemplo de la transmisión que he conducido en la última temporada. Y de la cual lamento no ocuparme este año. Se llama Zona Cesarini y se transmite todas las tardes por Rai-Radiouno, la primera radio italiana por cantidad de audiencia. Además es el medio de las transmisiones en directo de La Champions League, Coppa Italia, Coppa Uefa, Euroliga, etc. También da espacio a todos los deportes, aún a los más chicos. En espacios de este tipo es posible expresar las potencialidades que la radio tiene. Sin exagerar con consideraciones morales sobre la decadencia del deporte se puede simplemente hablar de otra cosa. En vez de pontificar sobre el mal ejemplo de algunos deportistas, se pueden presentar modelos alternativos. En vez de mostrar las chispas de la superficie, se pueden contar los sacrificios hechos por los campeones para lograr sus metas. Comentar un campeonato, con intervenciones de los parientes de los deportistas, esto le devuelve al divo su humanidad, la necesidad de compartir alegrías genuinas y dificultades, con quien le está más cerca. Se puede por ejemplo presentar la vigilia de un clásico que pone en riesgo el orden público desmitificando, y al mismo tiempo valorizando la sana competición deportiva, permitiendo en la radio el encuentro de los principales protagonistas. Se pueden contar muchas historias de atletas premiados con un éxito que parecía un sueño, relatos con una moral edificante que da cuenta que el deporte continua siendo creativo, que es orgullo del jugador de fútbol extracomunitario que juega con los aficionados en Italia y es convocado por su equipo nacional para jugar en la Copa africana. Conocemos la historia de los detenidos de una cárcel que, jugando entre las cuatro paredes del penitenciario ganan una inesperada promoción y el premio fair play. Como así también la humildad del jugador que comienza brillantemente en la serie A, y el día después lo pasan a un equipo de categoría inferior, y dice en el micrófono; “ Es justo, esta es mi realidad”. Estos son sólo ejemplos para confirmar un axioma: Si el ojo de un hincha es adicto a las imágenes, casi narcotizado, su oreja está más fresca y predispuesta a la sorpresa. Más reflexiva y mejor preparada para la novedad. Un sentido para aprovechar y devolver sentido al deporte.

Gianni Bianco

periodista de la Radio RAI, conductor del programa Zona Cesarini, Roma. Italia

El deporte en la radio

Desencadenar polémicas y sugerir reflexiones
 

Más que un cronista de la actualidad, parece ser un arqueólogo de la palabra. En la era del dominio de las imágenes y de los millonarios derechos televisivos, ocuparse del deporte en la radio parece casi un anacronismo. Un discurso de nostálgicos. Un emocionado recuerdo de los tiempos que fueron. Tiempos en los cuales, el relato de la admiración por las hazañas de los atletas, estaba a cargo sólo de las voces, los sonidos, los efectos y los ruidos. Tiempos en los cuales no había moviolas, cámaras de televisión personalizadas, pruebas televisivas.

Las orejas que ven

Recientemente estuve en un estudio con Alfredo Provenzali, un gentleman de gran elegancia, conductor, voz inconfundible de “ Todo el fútbol minuto por minuto”. Es la transmisión radiofónica que desde hace diez años les comenta a los italianos el campeonato de fútbol en directo desde los estadios. El periodista desde Roma coordina las conexiones exteriores, y los comentaristas intervienen en la transmisión ni bien hay una variación en el resultado. Para los italianos es un mito, un pedazo de historia de la costumbre nacional, hoy un tanto tapado por los programas de televisión pagos. En el estudio habían diez monitores, con los cuales se hubieran podido ver todos los partidos, verificando su desarrollo en tiempo real. De frente a mi propuesta de sintonizarle en directo los partidos, la respuesta romántica de Provenzali: “ Mis ojos son mis orejas, y mis monitores son mis cronistas”. Los televisores permanecieron apagados y la transmisión se desenvolvió palpitante como siempre. Aún tratándose esta vez de una jornada de la mitad del campeonato en la serie B, la segunda división. Fue una tarde de emociones fuertes.

El abuelo sabio

Es un poco la magia de un medio que tiene una fascinación que parece casi desflorar . Desde cuando se accedió al ojo electrónico, la oreja ha dejado de funcionar. Menos, entonces, puede aun tener una función. Tal vez una misión. La radio es en parte el abuelo de la televisión. Como todos los ancianos es portadora de experiencia y sabiduría, puede contribuir para llevar a este deporte a la razón y a sus antiguos valores, un deporte que parece a veces embriagado por el oro y la fama que al televisión pretende asegurarle.

La radio puede ser el sabio consejero de la televisión. Con la condición de abandonar una subordinación psicológica en relación a la televisión, dejando de sentirse hermana ciega y comenzando a valorar profundamente sus peculiaridades, no ver los límites , sino lanzarse a un nuevo rol.

El desfile de los campeones

Partimos del nudo crucial: No mostrar, no ver. Es difícil contar el gol de Van Basten a Rusia en el campeonato europeo de 1988. Es más fácil mostrar la secuencia, estar en silencio y admirar la belleza de un gesto atlético irrepetible, contemplar la pelota que recorre metros y metros por el aire y termina en la derecha encantada del cisne de Utrecht que, al vuelo la mete en el arco de Dasaev. Pero hay cosas que la radio no podrá nunca decir mejor que la televisión, y hay cosas que la televisión dice que la radio puede concederse el lujo de no decir, en vista de un resultado más alto.

La televisión es imagen y el deporte se ha adaptado. En Italia ha habido grandes polémicas por las precoses y acaloradas eliminaciones del equipo azul ( italiano) primero desde el mundial coreano-japonés después por los europeos portugueses. Entre las muchas acusaciones al equipo de Trapattoni por haberse presentado en dos ocasiones, como si fuera el desfile de la semana de la moda en Milán: las trenzas de Totti, los cabellos estilo marinero de Cannavaro, el nuevo copete de Bufón, el rodete de Camoranesi, el peluquín de Vieri, el peinado con gel de Nesta. De esto se hablaba en la vigilia. Como un top model, la estrella del fútbol va al campo de juego engalanada para complacer a los auspiciantes

Se trasforma en imagen de las páginas de los diarios y revistas, produce la noticia por sus historias de amores, le siguen las estrellas de turno, y publicita de todo.

Dar poder a la palabra

Al final el deporte se vuelve banal, como si fuera un trabajo de estilistas y peluqueros. Los campeones más famosos terminan en una sola dimensión, valen por la imagen que la publicidad les ha construido.

Le sigue, al menos en Italia, el esteriotipo del jugador de fútbol (también del atleta en general), que no piensa , no lee, que juega con el playstation en las horas libres, que no se ocupa de la política. Encerrado en sí mismo en su pequeño mundo hecho de apoderados y actrices, comunica solo lo que muestra. En la radio en cambio puede no ser así. La dictadura de la imagen televisiva se detiene a veces frente a la democracia de la palabra radiofónica. Abandonada la coraza mediática, reencontrada la capacidad de razonar, el jugador aparece más profundo e inteligente que en la televisión. Su lenguaje cambia. Dejando de lado los lugares donde se hacen conferencias de prensa después de los partidos. El campeón de la patada usa términos suyos, palabras que expresan mejor su individualidad, única e irrepetible. Sin contar que en la radio encuentran espacio atletas, historias de personas, que no encontrarían este espacio en otro lugar. También empresas dispuestas a desarrollar sus imágenes. Haciendo emerger aspectos de un deporte genuino y más humano, que no es prisionero de la manía del look. En la radio se puede vencer por lo que uno es, y no por las apariencias. Son caras que no agujerean el video, sino voces que tienen cosas que decir.

El comentario como antídoto

En Italia los domingos por la tarde en la televisión hay contemporáneamente dos transmisiones deportivas: una en un canal público, y la otra en uno privado. La audiencia es despiadada, los espectadores hacen un alocado zapping. Continuamente se cambia de canal, en un salvaje ping pong que desestructura todo discurso formando un licuado indigesto de frases e imágenes. Media palabra de acá, un poco de moviola para allá, queda sintonizado aquí que “se grita más”.

Quien escucha la radio no cambia de dial: tiene más paciencia, se queda más tiempo sintonizando, y esto ayuda al comentario y a la reflexión. Todo esto permite afrontar argumentos más complicados, presentar personajes no banales. Ofrece la oportunidad de abandonar el centro e ir hacia la periferia.. Queriendo se pueden apagar los reflectores hacia los famosos y encenderlos, por ejemplo hacia el joven atleta aficionado, hacia uno, que a pesar de sus habilidades no ganó nunca. Entre otras cosas la radio niega uno de los mandamientos de la televisión; no hay cobertura periodística sin imagen. Sin imágenes filmadas no hay servicio, si no hay una secuencia para mostrar se corre el riesgo de no existir. En la radio no es así: se puede hablar de tenis y de badmington, de sus personajes y de sus valores antiguos, también de una troupe que no hizo ningún film sobre alguna disciplina.

Televisión- riñas, radio- comentarios

En Italia de tres programas cotidianos deportivos, se llegó un programa que se ha trasformado en el símbolo de cómo viven el fútbol en cada pueblo. Dicho programa va al aire, los lunes, y creo que no hay otro igual en Europa. Es un proceso al campeonato, donde los periodistas que participan corren el riesgo de dar lo peor de ellos mismos ensañándose con un penal no dado, con un out side, con un error de apreciación del entrenador. El idioma italiano se destruye a pedazos, todos hablan y gritan contemporáneamente y el cuadro que se ve es el de un deporte reducido a los altercados en televisión, fruto de complots y maldades. Architrabe de este tribunal de la inquisición futbolística, es el veneno más potente inyectado a la ya enferma pelota italiana: La moviola.

Es la repetición y el análisis maníaco del rallenty que debería revelar definitivamente la mala conciencia de los árbitros. La radio puede decidir no hacer esto. En realidad existe los domingos una sección que se llama “ Moviola en la radio”. Los tonos de las voces, la elegancia, y la competencia de los conductores evita el clima de caza de brujas. La radio como no cuenta con imágenes, puede estar afuera del juego de la moviola. Una objeción de conciencia, que baja los tonos y da atención al evento deportivo, sobre la sana.

Radioescándalos

Nos es que la radio sea el paraíso terrestre del apasionado del fútbol, también ella puede trasformarse en una incubadora de nuevos conflictos. De nuevas presuntuosas polémicas. Italia en esto hace escuela. La radio es un laboratorio que, como cuna de nuevos incendios, es la realidad de Roma. En la ciudad eterna hay dos equipos en la máxima división, que han corrido el riesgo desaparecer enterradas por las deudas. Y bien, la rivalidad áspera entre las dos hinchadas es aún más desesperada que las voces de fuego de diez radios privadas que durante las 24 horas, juro que es verdad, hablan de estos dos equipos de la ciudad; durante todo el día. En los network nacionales rige la regla no escrita de no darles la palabra a los fanáticos, de no invitarlos a las trasmisiones. Regla no democrática , pero dictada por el buen sentido. Aquí, en vez, los micrófonos están abiertos a los peores instintos del estadio. No todo lo que se trasmite es así, también hay buenos periodistas, e intervenciones sensatas de los simples hinchas. Mirando todo esto en su complejidad, la radio se trasforma, en un amplificador de una verdadera manía, la de por los propios colores. En este ambiente nacen episodios alarmantes como la falsa noticia de la muerte de un niño por parte de la policía que en pocos minutos pasó de boca en boca con el tam tam de las radios locales, y llevó a la suspensión del clásico del campeonato entre Lazio y Roma en marzo del año pasado. Luego sucedió una larga batalla entre los policías y los hinchas fuera del estadio Olímpico y sólo por milagro el reflujo de setenta mil personas no tuvo consecuencias dramáticas.

Zona Cesarini: hablar de otro tema

Lejos de querer mostrarlo como una solución traumatúrgica para la crisis del fútbol y del deporte en general, panacea para curar los males de un medio usado en forma inapropiada, quisiera concluir mencionando un pequeño ejemplo de la transmisión que he conducido en la última temporada. Y de la cual lamento no ocuparme este año. Se llama Zona Cesarini y se transmite todas las tardes por Rai-Radiouno, la primera radio italiana por cantidad de audiencia. Además es el medio de las transmisiones en directo de La Champions League, Coppa Italia, Coppa Uefa, Euroliga, etc. También da espacio a todos los deportes, aún a los más chicos. En espacios de este tipo es posible expresar las potencialidades que la radio tiene. Sin exagerar con consideraciones morales sobre la decadencia del deporte se puede simplemente hablar de otra cosa. En vez de pontificar sobre el mal ejemplo de algunos deportistas, se pueden presentar modelos alternativos. En vez de mostrar las chispas de la superficie, se pueden contar los sacrificios hechos por los campeones para lograr sus metas. Comentar un campeonato, con intervenciones de los parientes de los deportistas, esto le devuelve al divo su humanidad, la necesidad de compartir alegrías genuinas y dificultades, con quien le está más cerca. Se puede por ejemplo presentar la vigilia de un clásico que pone en riesgo el orden público desmitificando, y al mismo tiempo valorizando la sana competición deportiva, permitiendo en la radio el encuentro de los principales protagonistas. Se pueden contar muchas historias de atletas premiados con un éxito que parecía un sueño, relatos con una moral edificante que da cuenta que el deporte continua siendo creativo, que es orgullo del jugador de fútbol extracomunitario que juega con los aficionados en Italia y es convocado por su equipo nacional para jugar en la Copa africana. Conocemos la historia de los detenidos de una cárcel que, jugando entre las cuatro paredes del penitenciario ganan una inesperada promoción y el premio fair play. Como así también la humildad del jugador que comienza brillantemente en la serie A, y el día después lo pasan a un equipo de categoría inferior, y dice en el micrófono; “ Es justo, esta es mi realidad”. Estos son sólo ejemplos para confirmar un axioma: Si el ojo de un hincha es adicto a las imágenes, casi narcotizado, su oreja está más fresca y predispuesta a la sorpresa. Más reflexiva y mejor preparada para la novedad. Un sentido para aprovechar y devolver sentido al deporte.

Gianni Bianco

periodista de la Radio RAI, conductor del programa Zona Cesarini, Roma. Italia

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