El rol del deporte en un desafío social abierto

No todos en la Argentina de hoy pueden practicar un deporte: los obstáculos son sobre todo económicos y culturales.

Por la difícil situación económica muchísimos clubes de barrio de la clase media, y también otros de las clases más altas, reducen sus propias posibilidades o peor aún, cierran sus propias estructuras por falta de medios.

Lamentablemente también diversas iniciativas sociales, que ofrecen la posibilidad de practicar el deporte a los sectores más populares, muy a menudo lo hacen con fines de lucro: los managers, los empresarios del deporte, buscan a los jóvenes más dotados, para inserirlos en el circuito de la elite deportiva, sin favorecer en ningún modo el acceso al deporte de la gran mayoría de la población.

Frente a los altos costos de la práctica de deportes no hay políticas deportivas que promuevan y faciliten la práctica de deportes y no hay leyes ni subsidios que apoyen su desarrollo. La mayoría de los deportistas son amateur y cada uno trabaja y estudia para enfrentar sus propias necesidades.

Naturalmente, también otros obstáculos obedecen a factores culturales: el consumismo, la falta de valores, el individualismo, la cultura idólatra del propio cuerpo.

En este panorama, tan complejo y preocupante, la escuela debería poder desarrollar un rol de gran importancia. De hecho, los maestros y profesores tratan, superando mil dificultades, de promover el descubrimiento del movimiento y el placer que el mismo proporciona, ayudando a los jóvenes a incorporar los valores que el deporte genera en cada uno. El maestro o profesor, en el contexto citado, hoy debe ocuparse también de las necesidades esenciales de sus alumnos: en muchísimas escuelas se ofrece un plato de comida sustanciosa que para muchos alumnos es lo más importante de cada día.

El proyecto Deporchicos

En este contexto, en el año 1995, surgió Deporchicos. Se trata de una jornada deportiva anual, en la cual participan más de mil personas entre chicas y chicos, desde los 8 hasta los 13 años, provenientes de escuelas estatales y privadas, religiosas y laicas, ricos y pobres… El primer objetivo es precisamente que ninguno quede afuera.

Deporchicos se lleva a cabo en un instituto escolar que ofrece tres hectáreas de terreno con óptimas estructuras deportivas aptas para practicar fútbol, handball, básquet, hockey, bolleyball, gimnasia rítmica, atletismo y otros.

Para apoyar contemporáneamente a las iniciativas de desarrollo social, durante Deporchicos se recaudan contribuciones, alimentos y ropa destinados a las personas de los barrios pobres y también para jóvenes con discapacidad.

La base y la columna portante del Deporchicos es la “regla de oro”, presente en cada religión y cultura: “haz a los otros lo que quisieras que te hiciesen a ti y, no hagas a los otros lo que no quisieras que te hicieran a ti”.

Para facilitar en el deporte la práctica de esta “regla de oro”, se ha elaborado un “decálogo” que comprende y manifiesta valores humanos universales presentes en la esencia del deporte.

Tomaría mucho tiempo contar los diez años de vida del Deporchicos: sus frutos son hoy muchos y consolidados. Actualmente, algunos alumnos de la escuela Superior de Educación Física colaboran en Deporchicos como árbitros, y han llevado el decálogo a sus escuelas.

Deporchicos está estableciendo contactos con diversas instituciones para llevar esta propuesta, como prueba piloto, a un grupo de escuelas de la ciudad de Buenos Aires.

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